Erupción del volcán Puyehue – Séptimo día

Erupción del volcán Puyehue – Séptimo día

Esta mañana caía el diluvio, una tormenta de agua pronosticada desde hacía una semana que no se vio influenciada por la erupción volcánica. Donde sí influenció fue en la superficie, ya que la arena caída, ya mojada, directamente se convirtió en un problema, aunque no en una sorpresa. Las alcantarillas se taparon, como era previsible, y las calles se convirtieron en lagunas y arroyos. En muchos lugares se depositaba la arena que era arrastrada desde otros lugares, en una espectacular aunque incómoda lección de hidrografía.

La pluma «desaparece» dentro de la tormenta de agua (nubes en celeste).

En cuanto a lo pasado esta mañana, llevamos a las hijas de Mariana a la escuela 16 y resultó que la escuela estaba inundada en muchas aulas, caían terribles goteras en los pasillos y en el gimnasio se habían caído paneles que parecían de poliuretano expandido pero que en realidad eran de yeso. Un pequeño caos comparado con otras escuelas más nuevas donde el agua hizo caer casi todo el cielo raso y donde la imagen recordaba más a los efectos de un terremoto que de simple negligencia. De pronto hoy todos pensamos en Cesar Barbeito, actual Ministro de Educación de Río Negro y candidato a Gobernador. Hace dos días había afirmado, sonrisa falsa mediante, que estaba todo listo para que reabrieran las escuelas. Lo hicieron ayer y hoy ya no funcionaba ninguna. Un aplauso de pie, si entiende el sarcasmo.

Más tarde pasé por la sucursal de calle Moreno del banco Patagonia y me encontré con un panorama interesante. En un edificio que tiene menos de 10 años, resultó que se filtró agua del techo, mojó el cielorraso del techo y en medio del salón cayó un panel y otros seis estaban mojados y combados cuando fui. Hacían entrar a los clientes en grupos chicos que hacían fila contra las paredes, lo que provocó más de un disgusto. Lo más divertido de la situación era que quienes más se quejaban eran los últimos en llegar. Sin embargo el banco nunca dejó de funcionar y todos pudimos realizar nuestros trámites sin mayores inconvenientes. Igual me quedó una sensación de qué tan seguras son las construcciones en Bariloche si ni siquiera se puede confiar en un edificio construido recientemente. Si se hubiera tenido que evacuar gente, ¿a dónde las habrían llevado?

El color crema entre Bariloche y Trelew es la ceniza caída, que cubre el suelo de manera uniforme a lo largo de 450 kilómetros.

Por último las ayudas de Nación son un pésimo chiste de mal gusto. En Pilcaniyeu entregaron 70 barbijos. ¿Sabe cuántas personas viven ahí? Solo en el pueblo, más de 600. Y Pilcaniyeu, como cualquier pueblo de la estepa, quedará condenada a meses y meses de voladuras de ceniza cada vez que sople el viento, o sea casi siempre. Un barbijo con suerte se puede usar dos días. En un pueblo como Pilcaniyeu deberían de haber repartido 100 para cada persona. Y, por supuesto, ni una mención a los pobladores rurales, que en su conjunto suman muchísimos más pero en un territorio enorme al que solo se puede llegar con vehículos preparados o a caballo. Son la gente que más sufre un evento como éste y a los que menos ayuda llega. Tal vez se hayan enterado por Radio Nacional lo que ocurrió, pero saben con total resignación que la ayuda tal vez nunca les llegue y pondrán el hombro y la pala para salir adelante, tal como lo han hecho tantas veces en los últimos años, sea por la nieve o las cenizas.

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