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Erupción del volcán Puyehue – Día 82

Erupción del volcán Puyehue – Día 82

Ayer el sitio Tiempo Patagónico publicó un post con imágenes ALI (Advanced Land Imager) del nuevo campo de lava que creó esta erupción. Algo muy llamativo es que se ve perfectamente el campo de lava de la erupción de 1960.

Hoy despejó y pudimos disfrutar de un día soleado con la pluma apenas visible en el horizonte:

A la tarde la pluma giró nuevamente al Este y al anochecer ya estaba de nuevo sobre Villa La Angostura. Si el viento viene del Norte, como está pronosticado, es probable que tengamos la pluma encima otra vez.

Erupción del volcán Puyehue – Día 77

Erupción del volcán Puyehue – Día 77

Hoy una noticia interesante pero levemente desapercibida: Promulgan emergencia para zonas afectadas por cenizas

Impresionante. Después de once semanas promulgaron la emergencia por los efectos del volcán. Considerando que aproximadamente el 99% de la ceniza fue expulsada por el volcán en las primeras 48 horas, no hay prácticamente excusas para semejante demora. Se puede entender que en un principio no se tuviera una real dimensión del alcance del evento, una semana, máximo dos… ¿pero once?
Menos mal que no es un evento con riesgo de muerte, porque con un gobierno con este tipo de reflejos… fea hubiera sido la historia.

Por suerte tenemos unos días soleados con la pluma en el horizonte, levemente inofensiva.

Erupción del volcán Puyehue – Día 71

Erupción del volcán Puyehue – Día 71

Se cumplieron 10 semanas de la erupción y después de varios días con nubes cerradas, donde no se vio la pluma, uno se ilusiona y se imagina que la erupción ya se terminó. Pero por supuesto que si esto sucede la noticia correrá por todos los medios y como eso no ha sucedido, se deduce que la erupción continúa aunque no la veamos. En estos días en los que no he estado sacando fotos me he dedicado a procesar las imágenes satelitales con el fin de ir identificando distintas cuestiones ambientales.

Hoy empiezo con los temblores.

El día de la erupción, el 4 de Junio, el SERNAGEOMIN registraba unos 230 sismos por hora. La mayoría de estos sismos eran instrumentales, no se percibían por la población. De esa enorme cantidad de sismos, 22 superaron el umbral de los 4 grados de movimiento. Los datos de estos 22 sismos fueron publicados por el USGS (earhquake.usgs.gov) con el que armé la siguiente imagen (incluye dos de fechas anteriores):

Lo interesante de esta imagen es que una parte de los temblores tuvieron su epicentro dentro del territorio argentino. ¿Por qué es interesante? Porque muchos medios aun insisten en mencionar «las cenizas del volcán chileno Puyehue». Si se quiere decir que el cono volcánico se encuentra en Chile, es correcto, pero el volcán es mucho más grande de lo que se ve y en las profundidades la realidad es otra. El volcán no tiene nacionalidad, sale de las entrañas de la Tierra y poco le importan los límites que ponemos los humanos.

También de la lista de sismos provista por el USGS armé el siguiente perfil donde se ve cómo se distribuyeron los epicentros bajo la cordillera:

Me gustaría poder contar con más puntos. No digo las decenas de miles de registros que deben tener si durante días obtuvieron más de 200 sismos por hora, pero con unos 100 o 200 puntos se debe tener una idea del tamaño y distribución de la cámara de magma que alimenta al volcán. Con solo 23 puntos (descarté uno que estaba muy profundo) se tiene una idea de cómo parte de abajo de Argentina y va saliendo hacia Chile, tal como sugiere esta ilustración que tomé de Wikipedia:

Un problema de comunicación

Un problema de comunicación

Anoche suena mi teléfono y resultó ser mi madre. En breves palabras me contó que mi hermano Diego se había ido a esquiar al cerro Challhuaco con dos amigos, había ocurrido una avalancha y estaba desaparecido. Que mi madre haya incluido la palabra «avalancha» con «Diego» en una misma frase indicaba que algo serio había ocurrido. Por un momento fue revivir la noticia de la avalancha que padeció mi tío Andi con sus quince alumnos del CRUB hace casi 9 años. Rápidamente nos reunimos en la sede del Club Andino Bariloche (CAB) para tener mejores informaciones de lo que había ocurrido.

Para cuando llegué ya habían partido tres camionetas con unas 25 personas de la Comisión de Auxilio (CAX) y personal el ICE de Parques Nacionales. Había bastante gente esperando, entre ellas mi madre, mi hermana y mi hermano Nico que solo una semana antes había estado esquiando en el mismo cerro. La información que había era el relato de Cristian, uno de los amigos de Diego, que se había separado por visibilidad nula ocasionada por luz plana. En un momento había ocasionado una avalancha y al no tener respuesta de sus amigos había regresado al refugio para dar aviso. Otro dato que circulaba era que habían estado esquiando atrás del cerro, en la ladera Sudeste que da a un arroyo tributario del arroyo Tristeza, afluente del río Ñirihuau.

Sobre estos datos salieron a buscarlos. Las posibilidades eran que estaban bajo la nieve o que estaban buscando a Cristian en la avalancha. En las horas siguiente circularon varias informaciones que nos fueron mejorando el ánimo. Una fue que no habían encontrado rastros de avalancha, por lo que solo estarían caminando por algún valle, y más tarde que el celular de Diego había dado un breve indicio de que estaba encendido, con lo que estarían en movimiento y sobre la ladera Noreste, de más fácil acceso. Un rato más tarde, cerca de las 22:00, llegó el mensaje que habían aparecido en perfecto estado. De hecho, ni Diego ni Isaías, su amigo, habían estado perdidos, solo incomunicados.


¿Qué pasó? Como me relató Diego, resultó que el cerro tiene menos nieve de lo que esperaban, por lo que no estaba fácil para esquiar. Llegaron a la cumbre por el sendero normal (línea verde) y para bajar esquiando tenían dos opciones, filo Sur o filo Norte. Optaron por el Norte para llegar a la laguna Verde (línea naranja). Mientras bajaban descendió una nube y los cubrió con luz plana y cero visibilidad. Ahí cruzando un filo hubo un pequeño malentendido y Cristian se separó (flecha roja). Diego e Isaías cruzaron y Cristian bajó un tramo, montándose a una cornisa que se quebró bajo su peso y con la que rodó unos metros. Esa fue la avalancha que creyó haber creado. Llamó a Diego e Isaías pero no tuvo respuesta e imaginó que los había arrastrado la avalancha. Sin saber dónde estaba subió a la cumbre (línea amarilla), volviendo sobre sus pasos, y regresó al refugio. Cansado y asustado relató sobre una avalancha que provocó y donde desaparecieron Diego e Isaías. O sea que la noticia arrancó de la peor manera. Mientras tanto Diego e Isaías habían bajado un trecho y estaban esperando a Cristian, que nunca apareció. Lo llamaron pero no tuvieron respuesta. Estando del otro lado del filo tampoco escucharon la caída de la cornisa. Siguieron bajando un trecho más y cuando salieron de la nube se dieron cuenta de que habían cruzado un filo de más y estaban bajando a un tributario del arroyo Challhuaco (línea celeste), lejos del refugio. Resolvieron bajar el arroyo hasta el camino (línea amarillo oscuro) y después caminar a buscar la camioneta, sabiendo que los demoraría mucho. Grande fue la sorpresa cuando se encontraron con uno de los rescatistas que les explicó la tremenda movida que se había generado.

En definitiva ni Diego ni Isaías estuvieron en peligro en ningún momento. Ambos estaban bien equipados para el frío y conocían bien la montaña (de hecho mis hermanos y yo prácticamente nos criamos recorriendo esa montaña). Sabían dónde estaban y por dónde y cuánto tenían que caminar para regresar al refugio. Pero no había comunicación. Sobre el cerro Challhuaco hay señal de celular, pero una vez que se baja al bosque la señal se pierde. No llevaban radio VHF por lo que no había comunicación con ellos. De haber tenido una radio consigo al momento que el refugio recibía el relato de Cristian podrían haber intentado comunicarse con ellos y al recibir respuesta no habría pasado nada y nos habríamos ahorrado la angustia y el despliegue de rescatistas. Se combinó un relato que contaba una situación jodida y falta de comunicación para confirmar o no lo sucedido.

La conclusión es que tenemos que comprarnos un par de equipos de radio. Los imprevistos ocurren y todos estamos muy sensibles a lo que puede estar pasando. Si bien cuando estamos en la montaña podemos tener las cosas bajo control, no tenemos idea de lo que sucede afuera y pueden terminar pasando cosas como la de ayer, que en vez de una bola de nieve empezó directamente con una avalancha que no fue.

Las noticias según el Río Negro, Bariloche 2000, Agencia de Noticias Bariloche y Mensajero Digital.